Pero caigo.
Porque soy un animal perdido/
En la espesura del bosque.
De un círculo para dos/
Las trampas.
Son bocas abiertas
en mi carne trémula.
Y las heridas.
Se encienden luminosas
como velas pentecostales/
En esta rabia.
De felina desvelada.
Te busco y caigo.
Con este cuerpo asido
a mis tejidos.
Dueño de coordenadas
captadoras de placer/
Este Edén.
No es más que un castigo.
Que llena de
aromas mi cerebro.
Y convierte mi sexo
en partículas
de tormentas dulces/
Esta vida.
De reliquias permanentes
no es más que la vieja
formula de la química de
de una inconsciente/
Y al final de mis laberintos
la única salida que no encuentro es
la tuya.
Soy un animal perdido.
Y siento
la necesidad y el extravio
de un beso
inalcanzable.


Qué delicia caer en la trampa de una boca abierta! ¡Qué perdición!