A veces...
Cierro los ojos.
Y me dejo.
Llevar.
Las pasiones no me arrastran.
Ni me levitan los cuerpos de sirenas.
Ha veces regreso del tiempo.
Y descubro partes de mí.
Aun de la inocencia.
Y creo.
Con mis manos quemadas.
Y mi lengua ardiente.
Creo que lo que veo.
Al despertar no es sombra.
Ni delirio.
Si no que es la vida
misma que vivo.
Creciéndose cada mañana.
En mi.
Y alimentándose de mis pechos.
Como si yo fuera la madre.
Que vierte la energía.
Lactante.
En todo el mundo.
Infinito de mi propio Ser.