Un mundo sin milagros,
no podría vivirlo.
En la espera te mantiene alerta.
Te hipoteca los nervios.
Te bloquea las salidas de escape.
Serviles.
Te despiertas y ves.
Ves lo que amanece contigo.
Y llevas las bolsas de aire compuesto.
De química entre tus pechos.
Leche, harina, agua, trigo
Y
piedritas de caminos infinitos.
El mundo que me envuelve no
seria lo mismo.
Los milagros.
Son el sueño de una lectura.
Imaginaria de una
misma.
O la cómoda de mil cajones.
De sorpresas expectantes.
Tras ellos me percibo mano.
Que rebusca entre los montones
de
los días
Y que encuentra efectos.
Personales e íntimos.
Dispuestos en orden cósmico.
Y sin manipular.
Los vivo a menudo.
Porque descubro
que
los objetos pertenecen
al
irreal almacenaje
de los sueños.
Y con ellos entretengo los segundos.
Jugando a sobrevivir.
Como fiel
escudera de nuestras vidas.
Y entre tiempos
de subliminales voluntades.
Vamos creando en
el después
de las
cenizas
un silencio humano.
Y esperante de arcanos
urgentes con la
pasión extrema
del
vivir.