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Terra
La Coctelera

De dos gacelas

Cuando dos gacelas
Hembras
Se encuentran en la planicie
de una estepa árida
débiles agotadas
del huir
Intuyen dibujos de piel
Iris inconfundibles
De misma búsqueda
Olor de agua
Y cercanía de bosques
Sembrados de bayas mágicas.
No defienden nada/
Comparten.
Silencios de hojas secas crispadas
Sonidos fértiles insuflados por
brazos de árbol
Mirándose sin distancia
Siendo vistas en lo
Infinito necesario
Propiciando dulce
alivio.
Se conocen con la noche
Y en el día de los universos
Milenarios
Renacen cazadoras
Silenciosas.

De un nuevo cuerpo

A veces/
El aire remolinea
sobre labios
edenes eternos de besos
deseantes.
Tentándonos entre sombras
luces intermitentes.
Palabras dadas.
Sugiriendo exhalación
de verbos compuestos.
Dando paso
a terribles maremotos de manos.

Entonces../
para mirar a través del cristalino
Y preciso objeto del deseo.
Hacemos gozo sublime de entre cuerpos.

Esperarte gira mundo del corazón
En lo invisible, real.

Parpadeando pestañas húmedas
sugerente baile visual
de promesas ansiadas.
LLegarte a mi
como naciendo de nada.
Despedir la visión
nacida sensible de tu vientre.

Del cielo, del infierno

La primera vez
Recuerda
Era todo afonía
Tú no existías para mí
Seguimos tras los pasos
reflejos de espejos
y manifiestos de intenciones

Recuerda…
Todo era catedral
precioso impacto sentido
Te pensaba anilla perdida de mi cuello
que tras las columnas antiguas de huesos
expirantes de historia
saquearon
Nos dimos la voz
Y el invento del mundo
Precipitando las partículas al espacio sin vida
Revivió el movimiento
Engendrándonos ondulantes
seres de frágil luz

Tu pecho sarcófago silencioso
Acogedor de mi alma
Reconcilia la irradiante fe
En virgen y áureo
Y cuando me invocas
Puedo mantener este cuerpo
Lleno de vida y esperanza
Dedicándote mi universo
De sabanas de cielos
En lechos de
ardientes infiernos

De la mañana

Buenos días.
Tiernos.
Siento tu presencia.
Y soy tan ciega de ti
como este triangulo de
luz que me mantiene
anónima.
Pero...
buenos días
mi amor
luminoso.

De una amazona del verbo

Hoy es la madrugada de la memoria.
Cierro los ojos
y existes.
Recorriendo como amazona
la selva
de hojas secas
y crispando
los nervios de mi cuerpo.
Entonces y ahora sé
que solo juego a la duplicidad
de una realidad
tan absoluta
como incierta y lejana.

De lo carnal

Pero caigo.
Porque soy un animal perdido/
En la espesura del bosque.
De un círculo para dos/
Las trampas.
Son bocas abiertas
en mi carne trémula.
Y las heridas.
Se encienden luminosas
como velas pentecostales/

En esta rabia.
De felina desvelada.
Te busco y caigo.
Con este cuerpo asido
a mis tejidos.
Dueño de coordenadas
captadoras de placer/

Este Edén.
No es más que un castigo.
Que llena de
aromas mi cerebro.
Y convierte mi sexo
en partículas
de tormentas dulces/

Esta vida.
De reliquias permanentes
no es más que la vieja
formula de la química de
de una inconsciente/

Y al final de mis laberintos
la única salida que no encuentro es
la tuya.
Soy un animal perdido.
Y siento
la necesidad y el extravio
de un beso
inalcanzable.

Del nada que hacer

No hagamos nada.
Tan solo usar la mirada.
No elevemos los cuerpos
Ni
alcemos las manos.
Dejémonos como muertas.
Sobre olas verdes y blancas.
Y que nos arrastren las corrientes
marinas.
Delfines y tortugas.
Nos rescataran en el horizonte.
De estos brazos.
Por donde.
Dejaremos pasar.
Los cuatro mil millones de días
sin respirar
en el centro
de la burbuja pasión.

Del metal

La vida comienza.
Seres.
Disfrazados
de perfectos
cuerpos de tejidos
compuestos.
Paseantes.
Por las ruinas de las murallas.
Escuchando un músico solitario.
Haciendo vibrar.
Las notas de su flauta.
Esos dedos mueven
para obligar a otros ojos
la dispersión tras las piedras.
Por pensamientos fragmentados.
Todos se desenvuelven bien
con su caparazón de milenarios enigmas.
Sorbiendo cafés y helados de frambuesas.
Los labios friccionan el cristal.
Y las palomas grises.
Del mismo color de la ciudad.
Intuyen la tormenta
Y desaparecen, veloces
entre las calles
como minúsculos aviones sin motor.
El cielo se embaraza de agua.
Y se hincha con
nebulosas de algodones azules
Y todos corren.
Huyendo del azul descompuesto.
Soy estatua de hierro.
No puedo moverme.
Algunos dedos curiosos me rozan.
Y las miradas se posan.
Tan vagamente...
que no me siento molesta.
Las aceras se hacen ríos.
Y los tejados derraman
islas de agua que no puedo lamer.
En mi vientre se anidan
espinas de viejas coronas.
Mi corazón es un agujero
en medio del metal.
Los coches escupen agua
por las ruedas
circulares.
Y los paraguas se hacen casas
de nómadas de ciudad.
Miro y siento.
Mis ojos son de la misma
materia que
el centro de la Tierra.
Y si no fuera lo que soy.
Podría destruir el infinito.
Con solo quererlo.
Pero cuando alguien se refugia entre mis brazos...
…. Cuanta luz podría dar si fuera una cálida humana.
Pero no aspiro ni siento.
Y esta vida...
es otra forma de vivir la esperanza.